Pobres papayas descontextualizadas.
La papaya es una de esas frutas tropicales que deben cogerse del árbol muy maduras, y por eso creo que nunca podrán ser comunes en los supermercados de Madrid.Si se recogen verdes se quedan con un sabor amargo, alcalino, como de chupar jabón, y por eso algunos de mis amigos que la han probado, que son pocos, dicen que es una fruta malísima.En el Ahorra Más las venden partidas por la mitad, tal vez para que la gente que no sabe cómo son las vea por dentro y se deje seducir por su color naranja y sus pepitas negras.
Pobres papayas amargas y caras, incomprendidas.Las dos semanas que estuve en la Isla recogí yo muchas papayas, pues allí crecen como lo que son, casi una mala hierba, un árbol que se reproduce frenéticamente y que es generoso en frutos.Muchos veranos en la isla han tenido el sabor del batido de papaya, y de mango también para qué negarlo. La Isla empieza a transformarse , si no lo está ya, en un territorio de nostalgia donde todos recordamos los veranos que han pasado y no volverán.En cierto sentido, no hay futuro posible en la Isla, todo es según lo que ha sido , todos nos recordamos por la amistad que nos unía cuando teníamos quince años y los veranos duraban tres meses y la Isla tenía tiempo de imponer su tiempo detenido y elástico sobre nosotros.Uno de esos veranos fue mi primer primer beso.Si, mi primer primer.El segundo primer beso ocurrió algunos años después, una noche de fin de año y de cambio de milenio que ya contaré. Pero mi primer primer beso fue con Y. , yo tenía catorce años y una camisa de pana roja sobre una camiseta blanca que me parece que la estoy viendo, y una amiga suya se acercó y me dijo que le gustaba. Creo que quiso ponerle los cuernos a su novio, y decidió que yo podía ser tan bueno como cualquiera.Nos escondimos en una calle de la pequeña capital de la Isla y nos besamos a pesar de que yo no sabía hacerlo y supongo que lo haría fatal.Al día siguiente volvió con su novio y me negó el saludo, así que a día de hoy seguimos sin saludarnos como si nunca nos hubiéramos conocido, como si mi primer primer beso no me lo hubiera dado ella.
Las papayas me han puesto melancólico, será que necesito unas vacaciones largas , será que necesito dotarme de un contexto contra la amargura, para que la gente vea que sigo siendo dulce por dentro.
Lo que si se encuentra en Madrid es la confitura de papaya, una mermelada dulcísima y con mucho clavo, que se puede comprar en el supermercado latino La Taguarita, en la calle de La Palmera , en Tetuán.
50 mejores peliculas segun lista Sight & Sound
Hace 12 años
No hay comentarios:
Publicar un comentario