martes, 9 de marzo de 2021

Interior Cafetería Zahara

Ayer estuve esperándote en la cafetería Zahara toda la tarde, ¿la recuerdas? se asomaba a la Gran Vía como hacen los suicidas sobre el viaducto de la calle Bailén.Yo sé que tú si te acuerdas, pasamos por delante tantas veces, al salir de los Cines Avenida o del Palacio de la Música, refugiándonos de las pocas lluvias o del más inclemente sol del verano. Sin embargo algo ocurrió hacia la última hora de la tarde cuando ya el sol comenzaba a brillar con ese rosa tiépolo, ese rosa goyesco del crepúsculo de Madrid. Me invadió una especie de angustia, dejé un billete sobre la mesa y salí a las aceras buscando el aire que me faltaba en el pecho.¿Dónde estabas? Quise volver a casa pero no recordaba cuál de las direcciones que me venían a la mente era la correcta. ¿Vivía en Princesa 69 o en Hortaleza 4?¿en Joaquín María Lòpez?¿no me había mudado a caso a Legazpi?¿cómo se llamaba la calle? había un bar que ponía buenas raciones, y se llegaba en seguida a la glorieta pero... Decidí buscarte por las calles pero me costaba reconocerlas en gran medida, no las calles, que eran las mismas, sino los lugares, habían cambiado, pero las cosas cambian siempre en el centro, pensé para consolarme, es posible que mientras tomana el café, despistado en mis pensamientos, quizá se hubieran cambiado a toda velocidad, quizá si caminaba un poco, si me alejaba del centro podría encontrar la sensación de seguridad de los lugares conocidos, ¿sabías que habían cerrado el Nike?, ¿que la sala Wind donde tantas noches bailamos hasta la madrugada está cerrada?ni siquiera existen los cines Acteón, ¿por qué no me lo dijiste?, creo que tenía derecho a saberlo, allí vimos tantas películas juntos, maldita sea. Atravesé Chueca a toda velocidad, dejé atrás la más banal Malasaña y me senté en la plaza de la Guardia de Corps, donde tantas veces soñamos vivir, ¿lo recuerdas? tampoco existe el Vips de Alberto Aguilera, descubrí mientras buscaba la bocacalle de Guzmán el Bueno, yo vivía ahí, me repetía sin cesar, ¿pero dónde? No me atreví a preguntarle a ningún transeúnte, quizá debí hacerlo, ¿me conoce usted?¿me recuerda?. Deambulando sin rumbo llegué a nuestro colegio mayor, no reconocí la parada de metro, ¿tù sabías que ahora se llama Vicente Aleixandre?, qué crueldad la tuya de no haberme avisado. El colegio mayor, la habita, la mía, la tuya, la suya, la cafetería...lo entendí todo. En septiembre harán veinte años que llegué a Madrid, y diez años desde que me fui, desde que nos fuimos todos. Ayer conseguí recuperar la cuenta del Blog de Teatro ,para borrarlo, y por casualidad recuperé el acceso a este. Han pasado doce años desde que escribí la última entrada, en el verano de 2009. Hoy, como entonces, nadie leerá esta entrada, la escribo solo para mí y para mis fantasmas, ni siquiera Popy Blasco escribe ya en su blog y los que recuerdan nombres como Fotolog o Gala González peinan canas. Casi nunca pienso ya en Madrid, pero hoy cuando al escribir esto recorrí en mi memoria la calle Conde Duque me vinieron al cuerpo muchas sensaciones, como si Madrid, más que una colección de estampas en la memoria fuera sobre todo un mapa sensorial, una sensación a casa perdida. El calor del sol en la piel, ese olor de las calles al inicio del verano, el ruido de los coches, el frío de las sillas de aluminio de las terrazas de los bares, el tilin-tilin del hielo en la copa de vermouth. En 2009 yo no podía imaginar que apenas dos años después, el 4 de noviembre de 2011, dejaría la ciudad, diez años y dos meses después de llegar, y que todo lo que parecía perdurable y certero se esfumaría en volutas de olvido. Ya nadie me echa de menos en la ciudad, ni espera que yo regrese a seguir al fiesta donde la dejamos, ni tan siquiera yo. Doce años, que se dice pronto, como en el poema de Kavafis. Qué vertigo da pensar que nadie leerá estas palabras, que ya no queda nadie que se acuerde de nada, ni de la Cafetería Zahara, ni del Elástico, ni de los cines, ni de las tiendas, ni del Café Conde Duque, ni de los triángulos de chocolate del Isabel de España, ni de lo que quise a Miguel, ni de las glorias y miserias de cuando fuimos estudiantes. Qué cosa el tiempo...doce años, que se dice pronto. Comprenderás que no pude, no supe esperarte, no fue mi culpa, es que cerraron la cafetería, es que ahora es una tienda, es que tengo que irme, ¿no lo entiendes? , es que han pasado doce años y el café está frío.

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