jueves, 18 de marzo de 2021

Anoche recordé la canción Paraguas de Algora, no lo tenía previsto, sonó por casualidad en el modo aleatorio de mi Spotify. Siempre que escucho esta canción de Algora pienso en todos mis amantes, o no en todos, más bien el grupo de diez o doce que fueron los realmente importantes. Es curioso saber casi con esta dolorosa certeza que estos muchachos a los que tanto amé y cuyos nombres recordaré hasta mi último día en este mundo puede que no me recuerden de la misma manera, es más, casi con toda seguridad, la huella que yo habré dejado en sus vidas será apenas nada, qué asimetría tan curiosa, ¿verdad?, yo que les he pensado tanto en estos años, que he revivido su manera de besar, alguna de las palabras que nos dijimos, las citas que tuvimos... Quizá espoleado por la nostalgia y con la seguridad de saber que nadie leerá estas palabras, me gustaría escribir sobre ellos, a la manera sentimental, quizá melodramática que el tiempo y la distancia obligan, al fin y al cabo, todas la cartas de amor ( si es que lo son, yo creo que si ) son ridículas, ¿no lo decía Pessoa? si no fueran ridículas, no serían cartas de amor pero , como en ese otro poema de Joan Margarit, ellas serán mi última literatura. Hoy quiero escribir sobre Gustavo, Gus como se hacía llamar cuando nos conocimos. He llegado a comprender que estuve enamorado de él, más de lo que en su momento alcancé a entender y su recuerdo persisente ha vuelto con insistencia a mi memoria desde entonces quizá porque fue el amante que me sometió a la mayor humillación que recuerdo. Yo había visto a Gus ya en el colegio mayor, cuando iba los martes y los jueves a las clase de teatro, era un muchacho precioso, dos años más joven que yo, supongo, aunque quizá tres, ya llevaba un año viviendo en el colegio mayor por lo menos pero no le había prestado atención, no fue hasta el septiembre siguiente, cuando ya J. era mi amigo del alma. Gus tenía ( tiene) los ojos azules más hermosos que había visto, unas facciones dulces, quizá algo infantiles, una sonrisa ancha que achinaba sus ojos, una sonrisa irresistible, siempre me he sentido atraído por los chicos que sonríen de sea manera ancha, franca, enseñando los dientes. Era delgado sin ser flacucho, tenía el trasero alto y firme, llamaba la atención en su complexión, un culo caribeño, un culo sandunguero que contrastaba con su dulce amaneramiento, con su voz algo nasal, todo él parecía un gato de peluche hecho para ser acariciado. Era muy guapo de una manera no tan evidente, aunque yo creo que él siempre supo de su belleza. Conincidimos una noche de septiembre que yo me había acercado con J. a ejercer de veteranos en las noches de novatadas, aunque a mí no me correspondía. Mi aproximación a las novatadas siempre era la misma, el encontrar entre aquellos muchachos recien llegados a la ciudad a los homosexuales e intentar convencerles de que se apuntaran al grupo de teatro. En aquellos años aún se daban situaciones armarizantes y nos gustaba jugar a averiguar con dobles y triples sentidos si esos chicos entendían, como en Maurice, como en Dorian Gray. Yo no era guapo pero tenía cierta reputación quizá de veterano, quizá de chico interesante, o tal vez yo creía que tenía esa reputación y aquello me daba cierta soltura desenvuelta para hablar con chicos que me gustaban y que, indefectiblemente, eran siempre más guapos que yo, los inalcanzables, los ángeles de la belleza. Algo debió funcionar aquella noche con Gus, hablamos un rato, seguro que con dobles sentidos, el caso es que me dio su teléfono y aquella misma noche , mientras volvía a casa, le envié un sms. Eran los tiempos anteriores a todas las app y , realmente, ya darse el número llevaba implícito algo de seducción. Siempre adoré enviar mensajes, ¿cuántos habré enviado?, tantos cuentos, poemas, frases, citas que quedaron sin respuesta, me gusta pensar que al menos en eso si fui el mejor, el más ingenioso de sus vidas, si no el más guapo ni el más romántico al menos el más osado con las palabras, o quizá no, ¿quién lo sabe?. Yo estaba con mi primer novio aunque quizá estábamos en una pausa, ¿le habían diagnosticado a Rodrigo su enfermedad aquel septiembre? No recuerdo cuándo ni dónde nos besamos la primera vez, no puedo poner en orden la secuencia de eventos de nuestra cuasi-amistad con momentos eróticos, solo instantáneas. Recuerdo entrar a su habitación del colegio mayor, desnudarle, besarnos, mientras le lamía entre las nalgas, aquellas nalgas tan llenas, tan vivas, él decía ¿pero dónde has estado tú todo este tiempo? , también le recuerdo en mi cama de Joaquín María Lopez, desnudo, ¿pasó la noche? intentamos hacer el amor varias veces, Gus nunca conseguía eyacular, yo tampoco le penetré nunca, quizá necesitara ser penetrado y yo no me di cuenta, no lo supe ver. Recuerdo el olor de su perfume ( Boss Bottled ) enredado en el vello de su pecho que era más tupido en el lado izquierdo de su pecho. Tenía muchos lunares en el cuerpo. La relación con Rodrigo ya iba cuesta abajo pero no sabía cómo dejarle, por su enfermedad, ¿cómo podía abandonarle cuando tenía cancer? Sin embargo Gus ocupaba mis sueños y mis pensamientos y mis fantasías eróticas. Su mera presencia me excitaba, su presencia era pura kinestesia.En una ocasión, en algún ensayo de teatro, Gus llevaba pantalones cortos y le estaba enseñando a alguien la mínima cicatriz en la rodilla de un lunar que se había quitado. Jamás, ni antes ni después, una rodilla me pareció más erótica. Hubiera querido arrodillarme para lamerla como hacen los animales con sus crìas, para besarla, para sentir en mis labios el sabor de su cicatriz. Una vez le propuse una cita en la cafetería Havana de Pintor Rosales, no se por qué, en aquellos momentos parecía lo bastante lejos como para encontrarnos a nadie. Le había comprado Querelle de Brest, como había hecho también con Miguel, y le quise explicar lo que pasaba con Rodrigo sin decírselo explicitamente. Nos besamos en aquel bar, un poco como si tuviéramos que escondernos, ¿ por qué ? supongo que yo no estaba del todo fuera del armario, aún yo mantenía cierta fachada de misterio sobre todo en el grupo de teatro, solo J. lo sabía porque ya habíamos estado en las fiestas En plan Travesti donde me encontré a mi mismo. Lo nuestro no funcionó. Quizá deba decir lo mío, porque no creo que Gus en realidad tuviera el menor interés. Hicimos juntos la función ese años, tenemos varias fotos juntos, él tan hermoso, yo tan poco agraciado, maldito don de la belleza. Cuando terminamos la función, una noche, fuimos todos de fiesta a la sala Cool a alguna sesión que no recuerdo, estaba Benedita con una jaula en la cabeza, en las pantallas un grupo de mujeres desnudas hacían Tai-Chi, la concurrencia era estrafalaria y maravillosa, y yo me sentía parte de algo más grande y compartir aquello con los más jóvenes del grupo me hacía sentir un orgullo paternalista, yo les estaba enseñando Madrid como antes Domingo y Guillermina me lo habían enseñado a mí. Gus y yo mantuvimos la distancia toda la noche, porque ya no éramos amantes o sólo lo éramos en mi cabeza. Teníamos una cita al día siguiente , por la tarde en el mercado de Fuencarral para tomar café y hablar, pero esa noche no quise insistirle, o no me atreví, quizá el quería que yo le besara, quizá no. Hacia el final de la noche un chico se acercó a Gus para seducirle. Gonzalo, el fotógrafo, que sabía un poco lo que había entre Gus y yo, se acercó para decirme que alguien estaba intentando levantarme a Gus. Yo, ebrio de soberbia y de seguridad en mi mismo, le dije que no se preocupara. Yo tenía una cita con Gus doce horas después, al fin y al cabo. Y sin embargo, apenas unos minutos después, empezaron a besarse delante de todos, y delante de mí. La humillación fue una sensanción abrumadora y física, un golpe en el estómago y en el cerebro que nunca se ha vuelto a repetir. Con el pasar de los años he sufrido las garras de la ansiedad, de la depresión, pero esa sensación vívida que Gus me causó esa noche jamás la he vuelto a sentir. Era una traición, una burla, y lo peor de todo, era nada, porque para Gus yo no era nada ni lo fui nunca. Mientras le esperaba al día siguiente en la plaza del mercado de Fuencarral no sabía cómo afrontar la situación. Yo quería manter mi pose de estar por encima de las cosas, de que aquello no me había afectado. Yo era Donacio, después de todo, el más moderno, el más lanzado, el más excéntrico pero no sabía cómo tragarme los celos y la rabia. Él lo notó, me lo dijo, y yo le respondí algo muy parecido a anoche, cuando te ví besándote, me hubiera liado con cualquiera solo para hacerte daño. Creo que solo pasamos juntos una última noche, cuando me desmoroné en lágrimas y le confesé que no sabía que hacer con lo de Rodrigo, que no quería ya a Rodrigo pero no sabía cómo dejarle sin hacerle daño, sin parecer un monstruo. Gus se quedó aquella noche conmigo, la última vez. Luego todo se desdibujó, nos distanciamos, teníamos vidas distintas, círculos distintos. Meses más tarde, cuando Ibrahim había llegado a mi vida, nos encontramos con Gus por la calle. Todo lo que ocurrió después, si es que ocurrió, fue lo que Ibrahim me contó. Quizá fuera cierto, quizá lo hizo solo para hacerme daño contándome sus encuentros sexuales y lo bien que se lo pasaban en la cama Gus y él. Nunca se lo pregunté a Gus, pero el hecho de que en todos estos años y compartiendo amigos no haya intentado mantener un pequeño contacto o haya sentido curiosidad por saber qué es de mi vida me lleva a pensar que lo peor es lo cierto, que para Gus yo ni supuse nada ni fui importante ni dejé huella en su vida, mientras que su recuerdo está instalado en su trono dorado en mi memoria. Ellas no te abandonarán. El tiempo pasará, se borrará el deseo -esta flecha de sombra- y los sensuales rostros, bellos e inteligentes, se ocultarán en ti, al fondo de un espejo. Caerán los años. Te cansarán los libros. Descenderás aún más e, incluso, perderás la poesía. El ruido de ciudad en los cristales acabará por ser tu única música, y las cartas de amor que habrás guardado serán tu última literatura. (Joan Margarit. Aguafuertes, 1998)

martes, 9 de marzo de 2021

Interior Cafetería Zahara

Ayer estuve esperándote en la cafetería Zahara toda la tarde, ¿la recuerdas? se asomaba a la Gran Vía como hacen los suicidas sobre el viaducto de la calle Bailén.Yo sé que tú si te acuerdas, pasamos por delante tantas veces, al salir de los Cines Avenida o del Palacio de la Música, refugiándonos de las pocas lluvias o del más inclemente sol del verano. Sin embargo algo ocurrió hacia la última hora de la tarde cuando ya el sol comenzaba a brillar con ese rosa tiépolo, ese rosa goyesco del crepúsculo de Madrid. Me invadió una especie de angustia, dejé un billete sobre la mesa y salí a las aceras buscando el aire que me faltaba en el pecho.¿Dónde estabas? Quise volver a casa pero no recordaba cuál de las direcciones que me venían a la mente era la correcta. ¿Vivía en Princesa 69 o en Hortaleza 4?¿en Joaquín María Lòpez?¿no me había mudado a caso a Legazpi?¿cómo se llamaba la calle? había un bar que ponía buenas raciones, y se llegaba en seguida a la glorieta pero... Decidí buscarte por las calles pero me costaba reconocerlas en gran medida, no las calles, que eran las mismas, sino los lugares, habían cambiado, pero las cosas cambian siempre en el centro, pensé para consolarme, es posible que mientras tomana el café, despistado en mis pensamientos, quizá se hubieran cambiado a toda velocidad, quizá si caminaba un poco, si me alejaba del centro podría encontrar la sensación de seguridad de los lugares conocidos, ¿sabías que habían cerrado el Nike?, ¿que la sala Wind donde tantas noches bailamos hasta la madrugada está cerrada?ni siquiera existen los cines Acteón, ¿por qué no me lo dijiste?, creo que tenía derecho a saberlo, allí vimos tantas películas juntos, maldita sea. Atravesé Chueca a toda velocidad, dejé atrás la más banal Malasaña y me senté en la plaza de la Guardia de Corps, donde tantas veces soñamos vivir, ¿lo recuerdas? tampoco existe el Vips de Alberto Aguilera, descubrí mientras buscaba la bocacalle de Guzmán el Bueno, yo vivía ahí, me repetía sin cesar, ¿pero dónde? No me atreví a preguntarle a ningún transeúnte, quizá debí hacerlo, ¿me conoce usted?¿me recuerda?. Deambulando sin rumbo llegué a nuestro colegio mayor, no reconocí la parada de metro, ¿tù sabías que ahora se llama Vicente Aleixandre?, qué crueldad la tuya de no haberme avisado. El colegio mayor, la habita, la mía, la tuya, la suya, la cafetería...lo entendí todo. En septiembre harán veinte años que llegué a Madrid, y diez años desde que me fui, desde que nos fuimos todos. Ayer conseguí recuperar la cuenta del Blog de Teatro ,para borrarlo, y por casualidad recuperé el acceso a este. Han pasado doce años desde que escribí la última entrada, en el verano de 2009. Hoy, como entonces, nadie leerá esta entrada, la escribo solo para mí y para mis fantasmas, ni siquiera Popy Blasco escribe ya en su blog y los que recuerdan nombres como Fotolog o Gala González peinan canas. Casi nunca pienso ya en Madrid, pero hoy cuando al escribir esto recorrí en mi memoria la calle Conde Duque me vinieron al cuerpo muchas sensaciones, como si Madrid, más que una colección de estampas en la memoria fuera sobre todo un mapa sensorial, una sensación a casa perdida. El calor del sol en la piel, ese olor de las calles al inicio del verano, el ruido de los coches, el frío de las sillas de aluminio de las terrazas de los bares, el tilin-tilin del hielo en la copa de vermouth. En 2009 yo no podía imaginar que apenas dos años después, el 4 de noviembre de 2011, dejaría la ciudad, diez años y dos meses después de llegar, y que todo lo que parecía perdurable y certero se esfumaría en volutas de olvido. Ya nadie me echa de menos en la ciudad, ni espera que yo regrese a seguir al fiesta donde la dejamos, ni tan siquiera yo. Doce años, que se dice pronto, como en el poema de Kavafis. Qué vertigo da pensar que nadie leerá estas palabras, que ya no queda nadie que se acuerde de nada, ni de la Cafetería Zahara, ni del Elástico, ni de los cines, ni de las tiendas, ni del Café Conde Duque, ni de los triángulos de chocolate del Isabel de España, ni de lo que quise a Miguel, ni de las glorias y miserias de cuando fuimos estudiantes. Qué cosa el tiempo...doce años, que se dice pronto. Comprenderás que no pude, no supe esperarte, no fue mi culpa, es que cerraron la cafetería, es que ahora es una tienda, es que tengo que irme, ¿no lo entiendes? , es que han pasado doce años y el café está frío.

domingo, 29 de agosto de 2010

La ley del Deseo

Me liberé y fui.

Cuando quise mandarte un mensaje te lo mandé.Cuando quise mandarte treinta mensajes hasta que me respondieras también te los mandé.

Cuando, tras no responder, me volvió a apetecer mandarta un sms te lo escribí, y una cosa te digo, lo mandé a varias personas, porque tenía ganas de que alguien respondiera en la madrugada.

Y cuando no respondió nadie y borré los números de la agenda y luego quise recuperarlos lo hice, y si tu ve que suplicar o robarlos pues supliqué y robé, porque ya no pierdo ningún anillo.

Y si me aburrí en la fiesta y me quise ir, me marché.Y si tenía hambre comí, y si quería emborracharme bebí.

Y si me quedé en casa porque ningún plan de los que había me apetecía me quédé, y maldije a todos, y ví cualquier película, y abrí cualquier libro por las páginas que más me gustaban.

Y así me voy dando cuenta que no por mucho agradar, amanece más temprano.

domingo, 3 de enero de 2010

Una chica llamada Vacaciones

Estoy intentando no leer a Capote.

El pero vicio de los escritores muertos es que no escriben ya más, y Truman no fue especialmente prolífico."Desayuno en Tiffanys", por ser de las más conocidas, la tenía yo condenada al ostracismo hasta que, de manera inevitable, tuve que llevármela de la librería estas navidades.

Con decir que es una obra maestra absoluta e incontestable supongo que será suficiente.

Holiday /Holly Golighty, la protagonista, dice una frase que me resultó profundamente estética: " Los hombres son preciosos,algunos lo son, él lo es, y tú ni siquiera le miras".

Quiero repetetirla hasta que quede separada del libro que la contiene:

Los hombres son preciosos, algunos lo son, él lo es, y tú ni siquiera le miras

Los hombres son preciosos, algunos lo son, él lo es, y tú ni siquiera le miras

Los hombres son preciosos, algunos lo son, él lo es, y tú ni siquiera le miras


El arte en general se ha encargado de explicar a través de siglos la belleza de la mujer.Los hombres, hasta los más sensibles, han rechazado acercarse a disfrutar de la belleza de los propios hombres para no perder su hombría.

Pero yo he mirado a algunos, y eran verdaderamente preciosos.

He visto unos ojos azules como el hielo engarzados sobre una sonrisa de labios carnosos.

He visto un cabello rubio que enmarcaba un rostro de bella perversidad.

He visto un cuerpo esbelto y altísimo tumbado desnudo, abandonada su fuerza al placer.

He visto un desnudo tierno iluminado por un triste flexo de piso de estudiantes.

He visto un cuerpo de gacela caminar por un pasillo balanceando una erección como un monumento autónomo.

He visto lunares recónditos, cicatrices antiguas, pliegues íntimos, pieles de distintas texturas, gotas de sudor resbalando por distintas espinas dorsales, y ese gesto tenso que precede al orgasmo en algunos rostros.

No son ni muchos ni pocos, son simplemente ellos, y siempre guardaré ese instante en que tuve el valor y la ocasión de poder mirarles.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Fatídico amor a primera vista

El verdugo no supo amarla
una vez decapitada.

martes, 22 de septiembre de 2009

Malvada y Bien Peinada

Ya expusimos que lo bueno era bello y lo bello y bueno era justo. ¿Pero qué pasa cuando es el mal lo que es bello?

De esa imposibilidad filosófica nace el término "perversidad". Cuando la maldad es bella es la perversión de la belleza, y cuando la maldad viste con traje de Chanel y unos Lobutain, aunque sean bajitos, entonces es la ultraperversidad, la
chiquíssime...

A mi me pasa como a Gloria Fuertes, que nació para puta o para payaso y eligió lo difícil.Yo pienso que nací para perversa definitiva, para malvada de telenovela, para harpía ultradelgada y neoconservadora, para poner gestos agrios y fruncir los labios, para ser despótica, arrogante y vanidosa pero por algún motivo no me sale bien la maldad.

Estos días , por fin, el Payaso de Micolor se ha enfadado conmigo por no haberle concedido un deseo, y yo tenía super planeado en mi cabeza ( yo soy muy de venganzas cerebrales ) todo lo que iba a decirle, que era un pobre niño rico acostumbrado a tenerlo todo cuando lo deseaba, incluso había incluido frases complejas con expresiones del tipo "gestión de la frustración" , "pretenciosidad" etc... y en mi cabeza yo salía triunfal y le dejaba plantado con todas las verdades bien dichas, y un coro de aplausos sonaba en mis oídos y la gente me tiraba Vuittones y bonos de descuento para el Eroski y quedaba clarísimo que el equivocado era él y yo, con mi orgullo de clase proletaria intelectualizada, estaba totalmente acertado.

Pero chico, me dió un perezón después, y me fui a comer unas tortitas con sirope de arce.Es que ser malvada, hoy en día , cansa mucho, sobre todo cuando tienes otras cosas que resolver como encontrar un piso divino y terminar una carrera técnica superior.Pienso que el Payaso de Micolor ya tiene bastante castigo con vestir como viste, con pensar como piensa y con definirse a si mismo como una persona atrapada en un mundo de piruletas y pop, ¡ y con casi 26 años ! Madre de Dior, que nos coja la Virgen confesados.

Y es que para ser una malvada de verdad, una perra de raza, hay que estar muy atenta a cualquier ofensa, planear frases geniales que zanjen las conversaciones a golpe de palabra esdrújula ( porque una buena malvada rencorosa SIEMPRE se queda con la última palabra en toda discusión ) y no olvidar nunca una americana o blazer con unas hombreras muy grandes que le sostengan el peinado.

No nos engañemos, una malpeinada nunca podrá ser una MALVADA, a las que incluso se les permite un toque de REPEINADA.Como de estar siempre un poquito demasiado arregladas, o como diría mi amigo James Britcher que se acaba de volver a su California natal, un poquito OVERDRESSED.

Yo adoro a las personas que se pasan un poco , que no saben se comedidas. Las personas que se acuestan con demasiadas personas o con demasiado pocas, las que están demasiado gordas o demasiado flacas, o demasiado a dieta, o demasiado cultas, o que viajan demasiado o quieren de más.Éste post, mismamente, me ha quedado un puntito demasiado irrelevante, demasiado poco literario y espero que algo frívolo de más.

Pero es que la superficialidad me sale tan de dentro....

domingo, 13 de septiembre de 2009

Los fantasmas

Ya no me dan miedo los fantasmas.Las voces de los muertos me acompañan en estas mañanas bobaliconas de septiembre, que espero que pronto sean el recuerdo de "aquellas mañanas mientras terminaba el proyecto".

Me gusta cuando estoy solo en casa porque entonces sus voces se cuelan por los pasillos y hasta la cocina, sus voces de terciopelo.Por ejemplo, la voz de Nina viene envuelta en humo, como filtrada por una capa de bourbon sin hielo y me dice que, en efecto, su amorcito sólo se preocupa de ella.

La voz de Peggy viene envuelta en satén blanco y con un dry martini en la mano , y me dice que nunca sabré lo que me ama, que nunca sabré lo que me adora, y que tiene fiebre por mi culpa, sin embargo la de Janis es una voz borracha y fumada, una voz que se lo está pasando muy bien porque le trae totalmente al fresco ser tan efímera.Sólo dice que por qué no le regalo un Mercedes Benz.

Dinah, como yo, sabe que es estúpido estar loca por un chico, está muy avergonzada pero tiene que admitirlo, está totalmente loca por un chico.Su voz es eléctrica, brota de algún antiguo micrófono de acero cromado de los años cincuenta.

Pero si hay una voz que me acompaña es la de Eartha, la mujer que se llama tierra.
Su voz tiene la textura exacta del pelaje de una gata traviesa pero muy cariñosa que me persigue por los pasillos y habitaciones diciéndome que ella quiere ser muy mala a partir de ahora, y luego, sin ningún pudor , que porqué no nos enamorábamos, si hasta los finlandeses lo hacían.

Quién podría temer sus voces de ultratumba? es más, ¿cómo podríamos vivir sin ellas?......